martes, 10 de febrero de 2015

Momentos poéticos: Anciano


Hoy me he puesto a pensar en mis abuelos, los que están y los que ya se marcharon. A veces he notado que dos personas con la misma edad, pueden ser muy distintas.

La edad, claro está, envejece y proporciona la sabiduría de las experiencias, pero esa misma edad, se manifiesta de manera diferente en cada persona. Hay ancianos joviales y hay ancianos que ya no tienen ilusión por nada.

Con respecto al primer tipo, he tenido la suerte de que uno de mis abuelos es bastante jovial y animado. Es un gusto verle reírse y mostrarse animado con respecto a su vida actual.

También recuerdo a una de mis abuelas, ya fallecida no hace demasiado tiempo. Prácticamente crecí pegado a ella. Junto a los padres, son las personas que más amor nos dan desde pequeños. Siempre tienen un beso que darte, una enseñanza que mostrarte y un regalo que darte, sobre todo cuando eres niño.

Como digo, es un grave error asociar solamente la vejez o la juventud con la edad. Está claro que existen jóvenes ancianos que ya no tienen ilusión por nada, y está claro que existen ancianos jóvenes de los cuales puedes aprender muchísimo.

Como dice un proverbio chino, empieza uno a envejecer cuando deja de aprender. Es propio de la naturaleza humana tratar de superarse, de mejorar y de ser feliz. No importa la edad.

Y en mi caso, yo puedo decir que he aprendido, (y sigo aprendiendo) grandes cosas, tanto de gente joven, como especialmente de la gente mayor. Mis abuelos son testigos de ello, ya que también me han ayudado de alguna forma, a ser como soy ahora.



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